sábado, 6 de diciembre de 2008

subiendo


de pronto tuve una extraña sensación, me vi en un auto, uno viejo, un ford o un renault tal vez, con asientos de cuero, sin cinturón de seguridad, con el pelo flotando y mis ojos negros rompiendo el retrovisor. iba a toda velocidad pasando a través de la luz y el polvo por una carretera del norte, o quizás una ruta peruana, y los autos opacos y oxidados se iban quedando atrás porque el mío era más veloz, más potente y patón. Yo los veía pasar con gusto y riendo por dentro. del otro lado de la carretera caliente venían más autos, como truenos salvajes y perdidos, o algo así. las ventanas estaban abiertas y el aire entraba tibio, fogoso, y golpeaba mi cara. la música salía quemante y abofeteaba mis brazos y mi pie le daba con más fuerza al acelerador. Todo era como un torbellino de adrenalina, pasión y sonidos en remolino. ahí vino lo extraño, sentí ganas de soltar el volante, poner mis manos en mi nuca, recostarme y abrir los ojos sonriente, con placer, y dejar que el auto siguiese solo, desbocado, para ver si avanzaba o si chocaba contra uno de los truenos, contra un poste perdido y solitario, si iba a dar a las rocas saladas o lo que fuese, todo con tal de hacerme trizas y sentir el impacto brutal y, quién sabe, final. por suerte no tengo auto, no sé manejar y nunca he ido al norte, menos al Perú. eso fue lo extraño, la sensación de vértigo lejano. le subí el volumen a la radio y seguí conduciendo.

lunes, 17 de noviembre de 2008

sinceramente....

aparece desde lo más profundo de mi esencia, desde el centro mismo de la putrefacción. es lo único que puedo entregar, lo único que sale al sol y se seca y se hace polvo y desazón. es venganza, es envidia, es animadversión, es tedio, soy yo.

lo más rancio de mi corazón anda dando vueltas por aquí y se queda prendido a los ojos; ronda en los pasillos y se cuela en los oídos y reseca las bocas. tengo todo lo que no quieren, pero lo entrego de todas formas. todos lo reciben en sus manos, cada cual ve lo que hace con eso. por mi parte, es lo mejor que sé hacer: entregar miseria y razones poco perdurables, y deambular como si nada, con los zapatos sucios y el pelo a medio crecer, chocando con las paredes y esparciendo el hedor a sin sentido y tristeza falsa.

lunes, 3 de noviembre de 2008

pe jota

estás en todos lados, a cada instante. eres como un reflejo de lo absoluto entrando por mi retina y pegandose en mi paladar por efectos perdidos. cada vez que abro los ojos te veo. al cerrarlos apareces flotando y te quedas ahí, frente a mí, a mi lado, detrás y arriba, como bola de espejos, girando en mi cabeza. tu voz me envuelve y me lanza lejos, hasta donde pueda encontrarme el rastro de tu resplendor. nunca me voy a despegar de tu maravillosa magia opaca, ni de tus movimientos y vueltas decadentes al abismo de mi amor. hoy estás gigante y luminosa, como luna llena sobre el desierto. ven por mí.

miércoles, 27 de agosto de 2008

disfunción



En mi casa nada funciona bien, todo a medias, o simplemente no anda. Nunca van a encontrar algo que se conserve en buenas condiciones, ya sea la tele de mi hermana que no tiene botones para cambiar de canal y hay que hacer contacto con los sensores metiendo los dedos y presionar un interruptor, cosa que simplemente (o normalmente) se logra con los botoncitos que le faltan; o la tele de mis viejos, la cual, la mayoría del tiempo, carece de sonido y hay que golpearla para tratar de que la pantalla muestre algo, y si esto se logra, se va el sonido y ahí comienza otra batalla por tratar de perder el tiempo frente a algo, tiempo que se va intentando revivir el artefacto. También pueden tomar el caso del computador que, de partida, tiene una memoria enana, los programas están a medio instalar, y para colmo windows nunca se puede cerrar decentemente y hay que recurrir a la vieja triquiñuela del Cont+Alt+Supr, y en el peor de los casos reiniciarlo de la forma más brutal: desenchufando el tarro y prendiéndolo otra vez hasta encontrar un error en el sistema y así poder utilizarlo (de alguna forma). Otro caso es el de la estufa a gas, la cual carece de una de las rueditas en su base, entonces es difícil transportarla de una pieza a otra y hay que poner un cenicero para poder equilibrarla y no quemarnos en el intento de calefaccionar la casa. Consideren también el calefont que funciona a medias, es decir, puede calentar el agua tanto que esta llega a quemar la piel tanto como puede ignorar el hecho de estar encendido y no calentar para nada. Imagínense lo que es ducharse en tales condiciones en invierno. ¡Para qué hablar del hervidor de agua! Uno mismo tiene que mantener presionado el botoncito que lo activa hasta que el agua hierva y salga humito, porque de lo contrario el botoncito se devuelve y no hay agüita para el té, o sea, uno se convierte en un accesorio externo más para el funcionamiento de un simple hervidor de agua. Pero sigamos con el listado y vayamos a la puerta del mueble de la radio, la cual nunca se mantiene cerrada y hay que utilizar papeles doblados cumpliendo la función de seguros o topes para que la puerta no se abra a diestra y siniestra. Siguiendo en el mismo lugar tenemos el propio equipo de música, el cual no funciona si hay muchas luces encendidas pues le hace falta voltaje y no toca los CD’s. Si seguimos en dirección al baño se encontrarán con la ducha teléfono que a veces (muchas, muchas veces) se desarma debido a la presión del agua, lo cual suele suceder mientras uno se da una limpia ducha. En la misma senda tenemos la llave del agua fría de la cocina que, de hecho, no existe y hay que alternar la perilla del agua caliente poniéndola en el lugar que debiese ocupar la manilla del agua fría. Pero quedémonos en la cocina, pues ahí yace la prueba más contundente de la mala planificación, el gran acierto de instalar un extractor de vapor en la cocina sin existir una salida para tal vapor, lo cual hace que éste nunca salga de la cocina. Pero esto es peor de lo que parece, ya que el extractor lleva ahí más de dos años y nadie se ha dignado a idear una forma de colar el vapor y expulsarlo del lugar (ni siquiera el que escribe). Digamos que en mi pieza también encontramos elementos defectuosos, como la cassetera de mi equipo de música. Esta se come las cintas de cualquier cassette, sin hacer distinción entre cassettes originales o piratas y no deja escuchar la música polvorienta. Otra cosa son las paredes de la casa que se están especialmente las del living y el comedor. Pero digno de atención es el caso del arreglo que hicieran en la pieza de mis viejos que quedó a medio camino y así ha permanecido por mucho tiempo (un maestro tenía que hacer unas instalaciones eléctricas y rompió un trozo de la muralla y dijo que la repararía en el corto tiempo, pero cobró lo del enchufe y nunca volvió y el piquete sigue ahí).
Todos estos ejemplos de deterioro y dejo son el reflejo de mi familia, es decir, todo funciona a medias (o de plano, no funciona muy bien), igual que los componentes de la casa, y nadie se preocupa por arreglar, cambiar o mejorar lo que está fallando. Quizás las cosas sigan así hasta que la casa se caiga a pedazos o hasta que la familia se descomponga. Ya veremos qué sucede primero.



(2004)

miércoles, 13 de agosto de 2008

A Night in Ñuñoa.

Saturday night. Me and the boys want to go out and party hard, like in the good old days. We are all twenty five but we feel as if we were the last gang in town so we decide to go and have a riot on our own. We walk along Irarrázabal until we reach Balleduc, a discotheque where ‘alternative’ people gather together every week so as to lure each other with their ambiguous looks, show off their fierce clothes and search for impressive dazzling sights. We stand at the queue and have a look at the rank. Girls and boys who do not seem to be part of the daily crowd that walk with the zombies in our living parade in Santiago. Leather jackets, leather trousers, leather everywhere. Shinny boots and velvet gloves. Lass and lads wear make up so as to preen their faces and attract the others. We are dressed in dull, gloomy black clothes. Dark denim trousers and long, black coats. No showy hair cuts, no piercing or tattoos. We have the normal repellent, coy, Santiago looks. No one seems to care about us. Everyone is looking for their quarry, so do we. Once on the dance floor we face dim lights, alcohol and cigarette smoke. We want to dance and find girls so as to make our move, but it seems that we will not get away with it tonight. Girls, boys, drags and ‘weirdoes’ dance in a sort of ritual which may lead to satisfaction at dawn, it feels as if Carl Barat and Pete Doherty might be kissing somewhere among the dancing sweaty drunken bodies while Lou Reed is waiting for his chance. We move our bones in a corner while Morrissey whispers through the loud speakers and the stairs are crammed with kissing couples that met five minutes ago in the queue. We are astonished, anxious and a bit bored. We try to ridiculously imitate the rest but we feel like idiots, like cheap clones of the kings of the night. Every one is looking at us but no one notices our presence. We do not belong here but we are part of the herd.


Same night, an hour later. After trying to fit in this odd den we realize that we are too old, too narrow minded and too ugly to score in such a place. We can still hear the music while we walk away: ‘in many ways/they’ll miss the good old days’ sing The Strokes as we leave the place behind. We walk towards Vicuña Mackena and we come across this tiny, old fashioned tavern called ‘El Trébol’. We get in. It is full of wooden tables and chairs that resemble the ones my grand mother keeps in her room. The place is almost empty. Only a couple of scruffy, wrinkled, drunk-hearted men stand at the bar. No girl or woman is in sight, only the waitress, but she is not what you may call attractive. There is no radio here. An old man is sitting near the toilets with his guitar singing ‘boleros’ and songs by Los Ángeles Negros and Buddy Richards. We ask for something to drink and the bar tender goes: “beer or terremoto?” We look at each other and nod. ‘Terremoto’. We sit at one of the tables. The furniture is about to collapse. It smells like aged spirit. The walls have this dark, reddish colour that reminds me of Dante. While we wait for our drinks silence comes through. We know that as soon as we finish our ‘terremotos’ we ought to leave this place. Every one is looking at us since everyone notices our presence. We do not belong here but we are part of the herd.


Thirty minutes later and we are already on the pavement waiting for a taxi. We realize that the only place we can feel at ease is ‘Mephisto bar’ in Macul Avenue, so we ask the taxi driver to give us a lift. When we are about to get there we notice all the habitual and common fellow guests: metal maniacs; gothic girls dressed in black; post-punk rejects; blue collar guys who left their ties at home and wear their Saturday night best; beautiful darlings in their drain-pipe trousers or their short skirts. Make up is only for ladies. Men talk about their wheels or the next football match, just like we do in the taxi, in our homes, everywhere, all the time. We get off and walk towards the bar. We are thirsty and feel we will get lucky this time. We look good. Long legs, self-confident steps, sideburns, angry eyes and worn-out denim. We look cool. Once at the entrance the waiter comes to us and refuses to let us in. He says we are not welcomed anymore due to our wild and extremely impolite behaviour. We scream and yield but he will not listen. Access is forbidden. Every one is looking at us. Every one notices our presence. We do belong here, but we are no longer part of the herd.

martes, 22 de julio de 2008

oh, me!


lo tenía todo. todo. el mundo era mío, en la cima del tiempo y en la espuma de la juventud, pero un día me senté a tomar sol y me dormí para descansar de la fiesta. cuando desperté hacía frío y pocas sonrisas daban vueltas. mi reino prometido se había esfumado entre los días y todos los habitantes habían crecido y envejecido. yo me sentía cansado y desarmado y menos hermoso. busqué en mis bolsillos, pero la llave a mi castillo ya no entraba en la chapa. todo había cambiado. mi fortuna se había ido mientras dormía. lo tenía todo, y todo se desvaneció sin darme cuenta a tioempo. ahora camino entre las cadenas del horario de todos los días y miro caras repetidas, agobiadas y aburridas.

jueves, 5 de junio de 2008

engranajes del mundo



En el mundo hay perdedores, ganadores y trampolines. Los perdedores son personas que no hacen nada por nadar en el mar de los días, simplemente se hunden sin chistar. Siempre tienen algo que contar, pero, desgraciadamente, esas historias son de un pasado algo borroso y que no está más, luego, de ahí en adelante sus vidas son una cadena de fracasos, uno tras otro, y lo que pasa es que tienen tan pocas expectativas de algo que el camino más seguro es la derrota, y así pasan sus días, pero eso ya parece ropa que nunca se sacan porque los perdedores son invierno y si se desvisten se mueren.
Los ganadores son esos que siempre están brillando, a quienes nunca la sonrisa abandona, y si algo sale mal no es tan malo, porque siempre hay algo mejor para ellos y lo saben, y lo consiguen, no importa a costa de qué. Los ganadores tienen la frente en alto y sus palabras son siempre lámparas de luces tan potentes que opacan a cualquier otra lamparita inocente que ande por ahí. Se puede decir que los ganadores son seres casi perfectos, y digo casi pues hay algo que necesitan para ganar y esos son los trampolines.
Los trampolines son entes intermedios que viven entre los ganadores y los perdedores. Son potencialmente unos ganadores, pero su falta de egoísmo hace que se preocupen más del prójimo que de sí mismos, por lo cual, suele suceder que sus sueños se vayan al carajo para favorecer los sueños de los demás (otros).
Los trampolines poseen una bondad increíble. Son imanes para todo el que se sienta vacío, ya que los trampolines pueden sentir la necesidad del que lo busca y hará hasta lo imposible para hacer que su calor (parecido al de una madre) logre llenar el vacío que tienen los demás en sus vidas. Esto no quiere decir que la vitalidad de los trampolines sea eterna. No, ellos también se cansan, pero tratan de no demostrarlo para no crear un desequilibrio en el sistema ganadores-trampolines-perdedores.
Los trampolines pueden sacar a los perdedores de sus cavernas por un rato y regalarles una pizca de luz, lo que les permite correr por ahí como si nada; y los perdedores no se sienten tristes cuando están con los trampolines pues, aunque pertenecen a partes distintas del engranaje, un perdedor nunca se sentirá menos que un trampolín, ya que los trampolines no irradian superioridad, al contrario, son tan humildes y dignos que pueden ponerse bajo un perdedor con tal de hacerle olvidar su condición y poder caminar de lo más normal por la vida. Distinto es el caso de la relación ganadores-perdedores. Los ganadores irradian una superioridad que los perdedores envidian y no pueden tener, sin embargo esto no es problema puesto que ambos se saben parte de un sistema establecido por años, el cual no puede cambiar, entonces las reglas han sido aceptadas, lo cual no impide el triste espectáculo que contrapone la luz y la oscuridad, aunque no es de ninguna manera una situación maligna, es sólo el cómo se dan las cosas. Claro está que al ganador no le importa mucho lo que pase con el perdedor, pues su misión no es sacarlo del barro, para eso están los trampolines, pero qué falta les hace también a los ganadores encontrarse con los trampolines, ya que estos últimos son los que forman parte del esquema que tienen los ganadores, precisamente, para ganar. No es que los trampolines hagan un gran trabajo en ello, pues los ganadores tienen méritos de sobra para ganar y triunfar en un mundo compartido por los tres tipos de entes.
El trabajo de los trampolines es precisamente ser soporte de los ganadores, son un apoyo que nunca falta. De día y de noche están ahí para ayudar a dar el último saltito a quien se lo pida y después muestran una linda sonrisa mientras el ganador luce su trofeo, sin ansias de ofender claro.
Ahora, como se ha dicho, los trampolines son potenciales ganadores, pero al mismo tiempo son potenciales perdedores, todo esto es porque los trampolines siempre entregan, nunca piden, entonces ganadores y perdedores se acostumbran a contar con el apoyo del trampolín más cercano y como los trampolines no piden ellos no dan. Ahora, si bien los trampolines no piden si esperan. Esperan recibir un poco de lo que han dado cuando lo necesitan. El problema está en que como siempre se preocupan en demostrar brillo y calidez les es muy difícil dejar salir sus necesidades a la mirada del resto y muchas veces pasan desapercibidos y ahí empieza el error en el sistema. Como la función de ganadores y perdedores no tiene que ver con el soporte, los trampolines se encuentran solos en el mundo cuando se sienten mal o en necesidad, pues aquellos que han necesitado de su calor y lo han recibido no están entrenados para retribuir lo que los trampolines les han dado, no de forma espontánea por lo menos. Tiene que suceder algo muy grande como para que ganadores y perdedores se den cuenta de que el trampolín está roto y ya no los ayuda a saltar, es entonces cuando intentan devolver algo de ese apoyo que el trampolín les ha brindado. La cuestión es que, generalmente, cuando se dan cuenta de la pena del trampolín ya es demasiado tarde pues el trampolín triste encuentra a otro trampolín que le ha tendido la mano y lo ha ayudado a andar para no ahogarse (pensando que es un perdedor). Hasta el momento del encuentro entre trampolines va todo bien, pero luego de eso empiezan los problemas (más que nada para el propio trampolín), pues el chiste del sistema ganadores-perdedores-trampolines es que los trampolines no saben que son trampolines y todos sus actos son hechos de buena fe. Ahora, cuando se está ahogando y lo rescatan abre los ojos, luego, se da cuenta de cómo funciona la cosa y pasa a ser un trampolín con sueños de ganador y ropa de perdedor. Recuerden que el ganador es ganador por naturaleza, el perdedor es tal por falta de fe y el trampolín es trampolín por falta de egoísmo, pero cuando el trampolín descubre su función en todo esto quiere dejar de ser trampolín, quiere olvidarse de los demás y preocuparse de sí mismo, es decir, quiere adoptar un poco de ese ego que le sobra a los ganadores; quiere poseer metas y lograrlas, pero no las va a alcanzar pues aún queda en su interior la bondad y en un momento crucial va a preferir que alguien entre al ascensor antes que él, o va a abrir la puerta para que alguien más entre al edificio, entonces su potencial de perdedor se hace presente puesto que está consiente de que le será casi imposible el ganar y se empieza a amargar porque se da cuenta del engaño y siente que los demás se han aprovechado de él, pero ellos saben que es parte del juego, así que nadie se aprovecha de nadie, es lo que hay. Entonces los trampolines caen más bajo que los perdedores porque su amargura es más real y más profunda es su pena, y ya nunca volverán a ser los mismos ya que el trampolín se ha roto y ni ellos pueden saltar para salir a flote en el mar de gente.
Cuando el desajuste se produce, ganadores y perdedores deben buscar otro trampolín para que la máquina siga funcionando, pero como nadie es perfecto ellos seguirán esperando a que el trampolín se recupere y vuelva a ser el mismo de antes, cosa que no es posible pues el engranaje está compuesto de piezas y hechos, no de recuerdos, entonces el trampolín pasa a ser una figura de un recuerdo vivo y los ganadores se pondrán una nueva meta: el lograr que el trampolín los impulse nuevamente, pero esa es una tarea imposible ya que la ingeniería del sistema carece de un método para reparar las grietas en los trampolines por lo cual los ganadores deben abandonar tal empresa pues es una derrota segura y ellos deben alejarse de eso, pues de otro modo pasarían a ser perdedores, y la estructura ya está definida como para venir a cambiarla a estas alturas. Sin embargo, la fábrica de piezas es tan efectiva y eficaz que cada día aparecen nuevos trampolines en la red para satisfacer la exigente demanda por sus servicios y apoyo logístico, así que si un trampolín se avería o se pierde en el camino otro aparecerá, quizás con otra forma o luciendo un nuevo modelo, pero por dentro, la función será la misma.